Anteanoche fueron 5 crisis epilépticas, en racimo. Algo que, aunque afortunadamente no es lo más habitual, sucede cada cierto tiempo.

No son las únicas complicaciones nocturnas que pueden surgir. Anoche, aparentemente sin motivo (aunque alguna relación puede tener con lo anterior), insomnio durante toda la noche.

1 am: paseos del comedor habitación, y de su habitación al comedor.
Tumbarse en su cama o en el sofá. Levantarse.
Ir a una cama. Cambiarse a la otra.
Expresiones poco concretas, del tipo de las que usa cuando quiere que le presten atención por algo, pero sin llegar a concretar por qué, o a qué debemos dirigir la atención. “Ven. Vente conmigo. Mira” (sin indicar nada que mirar).

Y así van pasando las horas, consumiéndose la extrañamente intranquila noche.

En momentos puntuales, reacciones exageradas en la mímica. Cómo si hubiera algún estímulo ahí fuera que sólo percibe ella, y que le asusta.
Se hacen turnos para vigilarla.

Tras la noche en vela, en urgencias, en el escaso tiempo de atención, instrucción de subir la dosis de uno de los antiepiléptico. El nuevo fichaje de la temporada 2017: Vimpat. El en principio prometedor fichaje que parece no estar cumpliendo con las expectativas generadas.

Llega a casa.
Tras más de 24h sin dormir, con signos de cansancio evidentes, y sin mantenerse apenas en pie, ni siquiera pide dormir. No hace por ir a la cama. Como si se le hubiera olvidado que es lo que toca, lo que naturalmente debería exigir su cuerpo en ese estado.
No es sino hasta después del almuerzo cuando cae rendida.
Tras apenas hora y pico, acaba de despertar. Sigue rara, con vocalizaciones sin un propósito claro, inquieta, con la mirada perdida.

“Maria Jesús”, dice ahora. Parece que hay cosas (pocas), actividades (menos) y, en este caso, personas (muy contadas),  que la siguen motivando. Incluso cuando parece a más alejada de nuestro mundo.

Anuncios