No existen familias que no colaboran, sino profesionales que no
tienen las competencias adecuadas para trabajar con las familias.

                                                                                                                         Cañadas Pérez, M. et al.


Imagina que tu hijo/a o hermano/a tiene una discapacidad mental y/o física. Que pasa por toda una retahíla de profesionales hasta que alguien te da un nombre, un diagnóstico (o ni eso). Y que, desde entonces, se inicia todo un camino de dificultades en el que vas recibiendo, por periodos, consejos de diferentes expertos. Te escuchan y tratan con tu hijo con ánimo de mejorar su calidad de vida. Pero no te terminas de sentir comprendido. Crees que, aunque con buenas intenciones y conocimientos, no terminan de entenderte. Y, sobre todo, no te enseñan realmente a valerte por tí mismo para manejar situaciones prácticas de la vida diaria.

Bueno. Es algo que me toca cerca. No soy padre, pero sí hermano. He sentido eso mismo, y lo he percibido de una forma aún más aumentada a través de mis padres.

Ayer tuve la oportunidad de asistir al curso de Aproximación a las prácticas centradas en la familia, impartido por el centro SIDI de atención temprana e intervención infantil. Allí encontré a profesionales de actitud humilde, y que mostraban gran implicación. Creo que el contenido de lo allí expuesto viene muy al caso de esto que estoy contando. Más que un resumen técnico y exhaustivo del curso, expondré en lenguaje llano aquellas cosas que a mi más me han resonado.

Por ejemplo, me ha resonado un aspecto central en este tema, como es la importancia dada a intervenir en el contexto donde se produce realmente la mayor parte del aprendizaje, en la vida diaria. Esto es, trasladarnos de la artificialidad de la sesión en el centro, al entorno natural donde el niño interacciona en su día a día, tanto en casa como en la escuela. Es aquí donde se relaciona, explora, juega, comparte, vive. No entre cuatro paredes bien acondicionadas 1 hora a la semana. No un mero traslado físico, sino un cambio más amplio en la intervención, como sigo comentando a continuación.

La psicología infantil se ha convertido en una ciencia que estudia el comportamiento del niño en un lugar extraño, ante un extraño, con materiales extraños y durante un limitado espacio de tiempo.

                                                                                                                       (Bronfrenbrenner,1974)

No es lo aprendido en sesión algo que se generalice fácilmente a la vida cotidiana. Para afianzar esta generalización en su vida, debemos trasladar el foco de acción, precisamente, a donde el niño vive. A este respecto, puedo apuntar que aun guardamos vídeos de mi hermana, con 6 años, mostrando una actitud sumisa, obedeciendo instrucciones en ejercicios motores y perceptivos, donde parecía otra persona. Nunca tuvo esa actitud en casa. No se comportaba ni comporta así con nosotros. No se generalizaba a la “vida real”.

Por esto, vamos a tener especialmente en cuenta las actividades del día a día. Esto es, las rutinas. Puesto que es el principal nicho de aprendizaje. Explorando en ellas y atajando los aspectos cotidianos más percibidos como problemáticos en la familia. Informando, proponiendo, pero respetando sus opciones, y sin juzgar los errores o malas prácticas de la familia.

No preparemos a nuestros hijos para luego incluirlos. La vida se vive viviéndola. Desde un enfoque inclusivo no hacemos terapia, aprovechamos las oportunidades de aprendizaje de su vida diaria

                                                                                                                                      (Tamarit, 2016)

 

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Interrelación entre contextos (imagen tomada de la web de SIDI)

 

Son ellas, las familias, las que están ahí en ese día a día. Y este es otro de los puntos relevantes, al hilo de lo que comentaba al inicio: priorizar sus verdaderas necesidades, lo que les preocupa, pues son ellos los que mejor saben las dificultades que tienen. Se nos citaba el ejemplo de la fijación del profesional por que se den los hitos del desarrollo normal a su debido tiempo, en lugar de priorizar en primer lugar el abordaje de problemas como por ejemplo los conductuales (como fuertes rabietas) que en ese momento pueden ser de mayor urgencia para el bienestar familiar.


Pues bien, tras detectar estas necesidades, deberíamos proceder desde un primer momento dotando a la familia de las competencias para satisfacerlas, pues son ellos los protagonistas. Los que van a tener oportunidades constantes de propiciar aprendizajes en esas rutinas cotidianas mencionadas.

Otro aspecto a señalar, derivado de todo esto, es la complementareidad profesional-familia a la hora de resolver problemas y dar salida a los obstáculos.
El profesional como experto en la disciplina, la familia como experta en su hijo.
Experta porque es la que ha estado ahí en toda su trayectoria de aprendizaje, la que sabe cómo reacciona en cada situación, ante qué estímulos, la que ha vivido de primera mano su evolución. Y también la que tiene la mayor motivación del mundo porque mejore.
Aquí destaco de nuevo la humildad que se nos transmitió. El profesional no lo sabe todo. Debe ser humilde. Explorar diversas alternativas propuestas conjuntamente con la familia. Equivocarse, posiblemente. Pero seguir intentándolo, en un proceso de mutua colaboración.

Decía un padre algo así como: “Ver que tú también dudas, me hace sentir mejor. Dejo de ver como un imposible intentar seguir tu modelo cuando no estés.”

Curioso. Mostrarnos falibles, humanos, como lo que (obviamente) somos, nos acerca.

Penetrar en su entorno, en su día a día, y a partir de ahí construir conjuntamente el cambio, posiblemente también. Lo que está claro es que parece un campo digno de seguir explorando, a la luz de la evidencia científica. Aunque a veces se le vean las fauces al lobo, como se nos ponía de ejemplo. Esas que sentimos cada vez que exploramos un nuevo terreno. Quizá, avanzando, poco a poco, veamos que esta amenaza no es real y consigamos ayudar de una manera más efectiva.

Lo pienso como profesional y como familia.

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