Creo que nunca he hablado mucho sobre los problemas de peso y de sedentarismo de Sara. Así que, aprovechando lo ocurrido hoy, es un buen día para empezar

En lo que respecta a lo corporal, a simple vista puede verse como tiene zonas localizada donde hay una gran acumulación de grasa. Esto parece tener la causa principal en su genética, quizá también con importante influencia de la medicación que toma, puesto que esa masa corporal siempre ha tendido a acumularse en esas zonas de una forma muy desmedida en relación a la alimentación que tiene. Realmente, Sara nunca ha comido demasiado. Por ejemplo, siempre ha comido bastante menos que yo (que siempre he estado dentro del normopeso), y en una variedad no muy diferente (no exceso de carbohidratos ni grasa).
Incluso, en una época, tuvo problemas en sentido contrario: llegó a comer muy muy poco, hasta llegar a ser preocupante. En esa época llegó a tener una desproporción tremenda entre la zona de tronco hacia arriba (casi se le veían los huesos) y de tronco hacia abajo.

En lo que respecta al ejercicio, tampoco es un apartado que ayude a contrarrestar esa influencia de la genética y medicación. Y es que hay dificultades para que mantenga una vida activa. ¿Motivos?
Por un lado, tenemos su discapacidad física, con muchísima dificultad para mantener el equilibrio en algo tan sencillo como andar lentamente.
Por otro, tenemos precisamente su exceso de peso, que dificultad aún más su movilidad. Su desgana y variabilidad emocional tampoco ayudan.

Ante esto, recurrimos a ejercicios que mecánicamente sean adaptables a ella, y que también la motiven. Tarea complicada, pero los hay. Un ejemplo es patalear en la playa o la piscina. Otro, que ya no practica tanto, es bailar al ritmo de alguna canción que le guste. Es muy importante (aunque no por ello fácil en la práctica) aprovechar cuando está de buen humor. Por ejemplo, hoy hemos ido a dar un paseo, e iba preguntándole cosas, a las que respondía de buen humor. De forma escueta como hace ella, pero es fácil ver cuando está contenta. Pues aprovechando esta situación, antes de llegar a casa le he dicho si quería andar. Con un tímido y casi inaudible “Si”, y sin ni siquiera mirarme, ha iniciado también muy levemente un movimiento para empezar a levantarse de la silla de ruedas. Y ahí la tenéis (foto de arriba). En total habrá hecho casi 100 metros andando ella sola. Yo sólo le indicaba que se agarrara a la barandilla.  Es algo que no sucede todos los días precisamente. Ni mucho menos.

Ya nos tiene muy vistos a nosotros. Estaría bien que fueras más tú con ella de paseo, comentaba mi madre. Y es posible que influya, claro. Aunque a mi también a veces me pilla tirria rápido, un estímulo nuevo o menos habitual (en este caso a la hora de pasear) siempre ayuda.

 

Anuncios