Bueno llevo un par de meses sin escribir, así que empiezo enlazando con la anterior entrada: sí, se superó el reto navideño. La madre volvió, y superamos el tráfico de regalos y de villancicos casi 24h.

Dicho esto, en esta entrada quería hablar de esas situaciones en las cuales la lógica o el sentido común valen de poco. Esto refleja lo difícil que es a veces comprender y anticiparse al comportamiento de una persona con discapacidad severa como Sara.

Pongamos una situación concreta:
Salir de casa.
Esto, depende de cómo la pille, puede ser algo sin dificultad, o algo tremendamente complicado. Un buen número de las veces, lo segundo. Y da rabia porque, como ya dije, muchas veces son actividades que luego (una vez superada esa resistencia) disfruta muchísimo, como pasear o ir a la playa.

La primera pregunta que podría venir a la mente sería por qué insistirle en salir? Si no quiere, quizá habría que respetarla, ¿no?. La respuesta es complicada, porque su comportamiento es complicado. No es fácil saber lo que quiere, ya que según su comportamiento, esto cambia en cuestión de segundos. Y varias veces.
Como digo, obligaciones aparte, las actividades por las que sale le encanta realizarlas. Eso sí: una vez está realizándolas. Muchas veces no logra anticipar este disfrute. 

Una vez teniendo claro que queremos hacer lo posible porque salga, ¿qué hacer para convencerla? Bien, lo aconsejable cuando se niega enérgicamente (y ella lo hace muy enérgicamente) sería dejarla tranquila, esperar un poco a ver si se le pasa, e intentarlo más tarde (incluso comentaba el truco de salir y hacer como que nos vamos). En definitiva, no confrontar, no insistir tan de seguido.
En realidad es lo que haríamos intuitivamente con cualquier persona, ya que cuando alguien se opone claramente a algo, no suele cambiar de opinión en ese mismo instante.

Ocurre que a veces (por inercia o por lo que sea) no se hace lo que tiene más sentido. Y, lo “peor”, contra lo previsto, hacer lo que tiene poca lógica, a veces es exitoso. Así es. Insistirle seguidamente a su tajante (e incluso agresiva) negación, a veces tiene buen resultado. Con lo cual a veces al psicólogo se le queda cara de póker.

En realidad no es que tire por tierra nada. Confrontar sigue sin ser una buena idea como norma general, y probablemente la mayoría de las veces fallará. Pero existen estas excepciones, y no son tan aisladas en nuestro caso. No es esto sino una muestra más de, como digo, lo difícil que es predecir su conducta.

Por no alargar esta entrada, contaré un aspecto relacionado con esto en la siguiente, que será más breve y que escribiré a continuación.

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