Ya contaba hace varias entradas que se nos había adelantado la Navidad. Regalo p’arriba regalo p’abajo desde verano, casi.

Otra de las costumbres navideñas que Sara nos adelanta son los villancicos. Llevamos al menos desde primeros de noviembre con el Ande Ande que nos sale por las orejas. Lo más probable es que sea la melodía que nos acompañe hasta bien pasados los Reyes. Esperemos que no mucho más (esto también es un reto, pero por la salud mental XD). Las bandejas de golosinas y demás que usamos en las comidas de Navidad también las ha sacado ya a pasear. Así, por ir calentando.

Hasta aquí todo normal. Nada nuevo. Si vives aquí y eres (como yo) poco fan de la Navidad, ya sabes lo que hay.
La particularidad de esta pre-Navidad para Sara es la ausencia, durante una semana, de la persona a la que está más apegada: su madre. Es el reto que menciono en el título, porque está muy muy poco acostumbrada a estar sin ella más allá de unas horas. Con nosotros, además, se pone más rebelde, con sus ‘noes’: no a comer, no a dormir, e incluso no a no.

Ya en el ecuador de la semana, ahí la véis (foto de hace 1h): recién llegada de su centro, con el gorro después de la fiesta navideña, cenando en su lugar habitual. Justo antes de escuchar por teléfono a mi madre. Digo escuchar, sí. Y es que por teléfono se queda bloqueada (si no te veo, que hace tu voz aquí) y apenas habla.

El “¿Y mamá?” ya ha sonado, estos días, casi tanto como los villancicos.
Los regalos siguen p’arriba p’abajo.
Sobrevivimos…de momento :p

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