Los padres son la tradicional figura protectora en cualquier hijo durante su infancia, cuando aún no puede valerse por sí mismo. Este papel protector puede enfatizarse aún más en el caso de personas con discapacidad, la cuales pueden tener dificultades para ser autónomas a lo largo de todo su ciclo vital.

Y aquí es donde muchos padres, de forma entendible, quizá se sobrepasan en esta función de facilitarlo todo.

¿Cómo no entenderlo? Aunque este entendimiento no tenga que ir desligado del flaco favor que se les puede hacer en algunas ocasiones, no ayudando en el proceso de cierta autonomía propia. Y es que hasta la persona  más dependiente puede tener sus pequeños momentos o acciones de autonomía. 

Este tema se ha tratado alguna vez tanto en la escuela como en casa, en el caso de mi hermana. En su caso, también es verdad que, no ya sólo por parte de mi madre, sino por todos, ha habido a veces más protección de la cuenta. Es algo bastante automático, hábitos adquiridos de toda la vida. El propio hecho de ayudarle a realizar acciones antes de que tenga dificultades. Por ejemplo, en el caso de mi hermana, a la hora de desplazarse. En lugar de esperar a que lo intente por su cuenta, y a que pida ayuda si ve que no puede.

Este fomento de dependencia también puede ocurrir a nivel emocional.
En el caso de mi hermana, está con mis padres en absolutamente todo momento. Es natural, puede pensarse. El problema es cuando limita. Sucede así cuando, al privársele de su compañía, se altera, desorienta y cambia su conducta. Quizá precisamente por romperse esa rutina prototípica. Ante eso, plantear acciones que desahoguen un poco.

¿Cómo? Un ejemplo muy sencillo:
Un par de veces a la semana (paseos diarios aparte), mis padres salen, y suelen llevársela. Hoy mi madre y yo hemos convenido en que no se la lleven al salir, y que se quede conmigo. La prueba ha ido bien, no sin cierta alteración: levantarse varias veces de la cama “sin motivo”, pidiendo atención. Seguramente si lo hiciéramos más veces, se habituaría.

Es algo bastante simple. Nada exagerado ni que temer. Simples acciones cotidianas que podemos varíar para modular esa dependencia.

Puede parecer innecesario, pero creo que es un aspecto que influye en la calidad de vida de los cuidadores más directos. Abrir un poco de distancia (dentro de las posibilidades),  y delegar en el apoyo de otros en caso necesario, es importante a la hora de relajar ese estrés del cuidador y, por supuesto, también a la hora de favorecer en ella un mínimo de autonomía.

Esto enlazaría con la repetidísima pregunta en los padres: ¿qué será de él/ella cuando yo no esté? Probablemente lo trate próximamente.

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