La música es de gran importancia en la vida de las personas. En personas discapacitadas no es menos. No son raras, a este respecto, las sesiones de musicoterapia en centros que atienden a este tipo de personas. Lo bueno de la música es no ya sólo su papel activador motriz, o de mejora de estado de ánimo, sino el vehículo de expresión y comunicación que supone, más allá de nuestro complejo mundo lógico-verbal.

Bien recogía su papel sanador el neurólogo Oliver Sacks:

Pacientes sin movimiento, congelados, que no podían moverse ni dar un paso, pero que en cambio podían bailar; o a pacientes que no podían emitir ni una sílaba, pero podían cantar.

En lo particular, mi hermana siempre ha vivido la música de forma intensa. Y no es algo fácil, ya que en ocasiones es complicado encontrar algo que la estimule. Pero la música ha estado muy presente en todas o casi todas las etapas de su vida. Sea escuchándola sentada en su silla de ruedas, sea levantándose a bailar, sea con los éxitos del verano, sea con canciones de los 70,  de la iglesia, etc. Es quizá, junto con la playa, su mayor estímulo. Tanto a nivel anímico como motor.

Son las 0.54h mientras escribo esto, y acaba de dormirse. Es la primera vez que la duermo tocándole la guitarra, lo cual no sé si es una buena señal para mi como músico peeeero…

Lo curioso ha sido que me pedía canciones de la iglesia, que es donde más ha escuchado la guitarra. Junto con mi hermano, tenían largas sesiones de guitarra de este tipo. “Quiere wallon”, decía.  Y yo que soy más de rock…Pues bueno, el rock flojito ha servido esta vez.

En definitiva, la música siempre ha sido y será una de las mejores aliadas tanto de ella como de muchas de estas personas.

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